domingo, 16 de septiembre de 2012

Sentado

Soy una persona que piensa y siente los muebles. Un amante de las poltronas, un conocedor de butacas y mecedoras. Estar sentado no es un simple estado de expectación; es algo que cala el alma. Estar sentado para mí es algo emotivo. Por eso cuando alguien me pregunta "¿cómo estas?", no dudo en responderle: "sentado". Aun cuando esté de pie, estar sentado es parte de mi, una suerte de estado de ánimo. Se siente como la plenitud. Es lo más cercano que conozco a la mejor puesta de sol que hayas visto jamás o se aproxima a la sensación que deja ver la luna llena salir tímida tras la cordillera. Estar sentado es como el amor, pero sin las indignidades o los dolores de cabeza. Eso, hasta que algo rompe dicha plenitud. Ese terrible momento en el que algo te obliga a pararte. Y es cuando tu estado se altera, cuando dejas de estar vertical y horizontal al mismo tiempo. El momento terrible de usar ambas piernas y hacerte alto de nuevo. Pero lo de estar parado, eso de caminar y andar por ahí, ya es otro tema. De eso no voy a mencionar nada más.