domingo, 18 de septiembre de 2011

El miedo

El miedo llegó al pueblo decadente una tarde de agosto. Cargando una maleta caminó hasta la plaza central, se quitó el sombrero y dejó salir pequeñas aves rojas y verdes. De ahí en más la gente dejó de confiar en si misma, en su vecino en o su abuela. Esa misma mañana se marchó, con la maleta aún pesada. Aún quedaban pensar irresistibles por desatar, pero este no era el pueblo, no, sabía bien que los lugareños se encargarían de eso ellos mismos.

jueves, 8 de septiembre de 2011

condiciones para hacerlo bien

Jorge llegó a casa diez minutos más tarde de lo planeado. María, nerviosa y sonrosada lo miró con picardía cuando entró a la habitación.

_¿Entonces, te parece si lo hacemos aquí?_ Preguntó María con timidez.
_Claro, esta vez no me olvidé de aquello.
_Verdad, la otra vez te lo olvidaste en el carro y nos quedamos sin hacerlo.
_Esta vez tengo todo listo. _ Terminó Jorge con una sonrisa de par en par.

Se lanzaron de rodillas a la cama sin dejar de mirarse, en ademan de un beso largo y apasionado. Ella le quitó la chaqueta, la revisó y de su bolsillo sacó una hoja de periódico.

_¿Y el lápiz? _ Insiste María.
_ En el otro bolsillo_ Responde Jorge.

Esa noche no se quedarían sin hacer su crucigrama.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Antes del monasterio

–En la primera de mis visiones hay un gran incendio en un país europeo – Comentó amparo Grisales a la Madre superiora.

–¿Alcanzas a detallar algún edificio?

–No, todos están en destruidos.

–¿Cuál fue la segunda?

–Veo escasez de mujeres y hombres locos detrás de las pobres que aún quedan.

–¿Esa es la razón por la cual se interna en el monasterio?– Espetó la religiosa a la actriz.

–Pues… Si. En parte, porque la virgen me indicó un camino de castidad. También por mi tercera visión.

–¿Cuál?

–No puedo decirle, Con aquel horror tengo que cargar yo sola.

martes, 6 de septiembre de 2011

Llenos de inanimado amor


Pablo Jaramillo

Para los nostálgicos y los melosos

En ocasiones existimos por cuenta de nuestras pasiones. Lo que hacemos, lo que pretendemos, lo buscado y lo ignorado. Antes de eso somos objetos inanimados.

Ella es una taza, él un vaso. Ella brilla por su esmaltado cuerpo de porcelana, moldeada en alguna sucia fábrica china; él es endeble y opaco, de plástico moldeado en alguna factoría nacional. Ambos continentes de bebidas calientes.

Fue en medio de su trabajo cuando se conocieron. Ella soportaba un café cargado y sin azúcar, él guardaba con recelo una aromática de panela con limoncillo. Reunidos por casualidad, unidos por decisión. A partir de ese momento, pese a ser disimiles, se estimaron con la cadencia del sentimental que solo un objeto inanimado comprende. Y con ese mismo fervor la taza vio partir a su querido vaso y caer destripado al fondo de un basurero, junto a papeles arrugados y desperdicios hediondos. Quieta, expectante, dejó pasar el tiempo. Mientras, el café se enfriaba.

Condenada

Te recordé, condenada mujer. Te ignoro, apareces. Corro, me persigues. Hasta que te freno, te abrazo, te recuerdo. Me condeno. Nos condeno.

Todos felices

Él tonto, ella tonta, todos tontos. Hijos de su época, felices.

Comentarios sueltos



Que todo aquello que un día encadenamos en el papel, salga luego purgado de males, que sólo quede el gratificante sabor de las experiencias vividas y el olor del progreso. Al final, la textura del ayer llena de éxtasis los dedos del presente. Queramos o no, nuestro presente.