domingo, 24 de julio de 2011
Efimero
-¡No sabes de que hablas!- Contestó por toda respuesta el fruto cuando el árbol le preguntó algo sobre la vida y la muerte.
domingo, 17 de julio de 2011
El hombre aparentemente inexpresivo
El hombre aparentemente inexpresivo pregunta a una señorita la hora. La joven, sentada en una banca del parque, entre sorprendida y asustada le responde que eran las dos. El hombre la espeta y le recuerda que son las 2:15, la llama mentirosa, crédula y aburrida. Es cuando ella se levanta, se molesta y le cuestiona el hecho de que ya conocía la hora antes de preguntar.
El hombre aparentemente inexpresivo le dice que se calle. "No has pasado la prueba, no estas preparada. Así que para ti no hay respuestas, sólo pistas para jugar mímica".
Paseando...
Estos son dos hombres que se encuentran por casualidad en el parque, rodeados de niños que juegan y partidos de fútbol en canchas improvisadas. Uno pasea el cariñoso trozo de asfalto que encontró sólo y abandonado en una carretera intermunicipal hacia ya tres meses. El otro, de más caché, llevaba de la correa un voluptuoso pedazo de mármol negro traído de Italia por un vendedor especializado en ese tipo de excentricidades de las cuales gustan los adinerados.
Sin cortarse un pelo, el primer hombre saludó al segundo con orgullo, el hecho de que su mascota no fuese pura no le importó. Sabía bien que en la amalgama que representaba su trozo de asfalto estaban resistencia, maleabilidad y un hermosisimo color azabache.
Sin embargo, pese a los esmerados actos de honra y autoestima del primer hombre, el dueño del mármol sabía bien que su mascota sería por mucho más envidiada. Y era innegable que no era por que fuese pesada, tiesa, de color opaco y de temperatura helada. Es claro que el mármol costaba mucho y que contra ello, nobleza y estima no podrían combatir.
Celebraciones
A escasos cuatro días de cumplir un mes de existencia, La cesta de basura (marca irregistrable) se complace en anunciar su golpe de impopularidad. Salvo lecturas insospechadas, el blog se a mantenido incólume de toda controversia. Así lo evidencian sus nulos comentarios y sus cero seguidores. De los cuales no se destaca nadie, por perogrullas razones. Es pues todo esto suficiente motivo de celebración.
La cesta se creó para odiarse a si misma. Su función desde un principio a sido el fracaso, el asco y el desperdicio. De ahí su nombre, tal cual su labor. Por eso estamos felices; hemos pasado un mes con un proyecto para nada ambicioso y a surtido exactamente el efecto para el cual se concibió: un frío espacio donde acumular producción de Kalum.
Así que, celebremos un mes más de mediocridad. ¡Arriba las manos que carecen de copa, la cerveza es un lujo que esto no amerita!
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