lunes, 27 de junio de 2011

En la tarde

Él quería un caballo bayo para pasear por las tardes. Ella quería un hombre con el cual dejar pasar esas horas en las que el sol está a punto de morir. Se conocieron. Era perfecto, entonces ella tuvo la oportunidad de ser feliz, pero tenía que aprender a relinchar.

viernes, 24 de junio de 2011

Cuestión de ego

No sé desde cuando el escribir se convirtió en una cuestión de ego inapagable. Siempre ardiendo entre los dedos y las bocas; siempre pensando una palabra afortunada para pasar por literato tras una conversación vana, siempre atento a complicar una de las acciones más insospechadas como lo es conversar. Y una tarde, Ella estaba allí, sentada sin más, padeciendo el verbo ser, estando, simplemente. Yo la abordé con un cuento entre labios, pensando en sus ojos y recitando personaje y clímax. Ella, me mira, Yo, con la boca aún abierta callo de súbito y la imito. Me acomodo la chaqueta, me voy del lugar, sus ojos son demasiado fijos, es una mujer de miradas cortas y gustos largos. Ella, sabe quien soy. Me duele el ego hasta encontrar a alguien con quien pretender.

miércoles, 22 de junio de 2011

Huida

Una selva tupida, compuesta por helechos de todos los tamaños, juncos del grosores alucinantes, flores de colores caleidoscópicos, rocas prismáticas y aguas cristalinas parecían absorber a Uriel a cada paso de su cansada huida. Su pelo negro, empapado por la lluvia, golpeaba cadencioso su frente y por momentos cubría los ojos grises que se abrían sorprendidos ante la selva infinita. Atrapado, fugitivo, perdido y solitario, Uriel sufría el peso de su equipaje, aumentado por el de su conciencia. Había robado algo valioso a personas que no poseen más que sus creencias.

Photo et lux



Esta foto no me acaba de gustar. No dice nada después de todo. El problema acá es que me gusta postear fotos en mis blogs, que no son pocos, y mis fotos nunca son muy buenas. Así que, para evitar malentendidos conmigo mismo subo esta foto para ignorarla.

Explicación no pedida...

Nadie me preguntó hace unas horas: "¿por qué La cesta de basura y no El cesto?".
A lo que respondí: Prefiero un nombre femenino, un blog con visos de mujer. Excecrarlo, vituperarlo y cagarme en él es mucho más gratificante así que si fuese masculino. Es cuestión de origen, es volver a las raíces. Y no hay nada mejor que sentirse como un cretino patriarcal antes de cada comida. Eso me llena de apetito.

Ante el lente

Ajustó el trípode y encendió la cámara de vídeo. Ante el lente, el hijo de Pedro Ramírez soplaba las ocho velas clavadas en su torta, partía con gracia el pastel y sonreía a sus padres centellando gratitud por los ojos. Los niños se fueron a jugar, su esposa a preparar las bebidas. Mientras, Pedro contó las velas, luego una segunda vez, una tercera y una cuarta lleno de perplejidad. Sin duda, se estaba haciendo viejo.








El palito


Finalmente aquella noche, el palito rojo y el azul se encontraron en donde habían quedado: bajo el viejo árbol del parque. Brillaba la luna con intensidad, el azul se notaba incomodo, el rojo estaba furioso. Segundos después, sin que el viejo árbol supiera como ni porqué, todo el parque se prendió fuego. El palito rojo se consumió entre las llamas, el azul, como desquiciado, se echó a reír entre las cenizas.





(los diminutivos, por alguna extraña razón, parecen hacer más adorables las palabras. De esta forma las personas sensibles o las mujeres melosas prefieren esos personajes pequeños por sobre los demás.) Pensamiento suelto, reflexión luego de un microcuento.

La cesta

Este rincón, esta cesta inmunda, este lugar olvidado, o como lo quieran llamar, es el espacio dedicado a todos esos cuentos sin ademanes de transcendentalismo. Acá mueren, dan a parar sin ningún reparo. Independiente de que prometan para un corto por estar llenos de acción, o si los personajes le gustaron a tu madre.