Nadie me preguntó hace unas horas: "¿por qué La cesta de basura y no El cesto?".
A lo que respondí: Prefiero un nombre femenino, un blog con visos de mujer. Excecrarlo, vituperarlo y cagarme en él es mucho más gratificante así que si fuese masculino. Es cuestión de origen, es volver a las raíces. Y no hay nada mejor que sentirse como un cretino patriarcal antes de cada comida. Eso me llena de apetito.
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