Finalmente aquella noche, el palito rojo y el azul se encontraron en donde habían quedado: bajo el viejo árbol del parque. Brillaba la luna con intensidad, el azul se notaba incomodo, el rojo estaba furioso. Segundos después, sin que el viejo árbol supiera como ni porqué, todo el parque se prendió fuego. El palito rojo se consumió entre las llamas, el azul, como desquiciado, se echó a reír entre las cenizas.
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