Te puedo enseñar a escribir si así lo quieres.
Aunque te falte voluntad puedes hacerlo.
Toma un personaje que por lo general vas a ser tú disfrazado y ponlo en algún lugar. Espero que ese lugar sea un lugar al que le temas, es especialmente útil que te moleste el espacio. Luego desea, busca algo que quieras más que cualquier otra cosa en el mundo. Lo más probable es que intentes disimular tus ambiciones y propongas a tu personaje/tú, a conseguir un objetivo vano. Desde ya te pido que no lo hagas, porque sudar y llorar por lo imposible es el mayor gesto de humanidad que encontrarás jamás. Imitar lo humano, no sobra decirlo, es el segundo objetivo a lograr con todo esto.
Ahora intenta que todo se junte, que reaccione como si fuese una probeta llena de sales coloridas, espumando y echando humo. Y al final, si tu historia está bien escrita, con tu voz, con tu indeleble estilo, conseguirás lo que quieres. Tú o tu personaje, lo pasaran mal, lo pasaran bien, odiaran y querrán su destino de manera intermitente hasta el clímax.
Cuando todo esté listo solo recuerda que los finales felices no existen, pero en la lógica del lector es necesario. Asegúrate de mentir, porque en eso consiste el oficio, es nuestra única verdad, nuestra razón de vivir, un aval social exclusivo del gremio. Así que miente y trata de mentir cada vez mejor.
Y cuando aprendas a mentirte a ti mismo, sin que tú seas el personaje, enfrentado a los espacios más atroces, te levantaras una mañana con el pecho leve.
jueves, 8 de enero de 2015
Exclusividades del sur sur
Yo creía que ser argentino era un eterno estar lejos. Los tangos y Hernan Casiari me hicieron pensar que volver después de viejo a casa era condición exclusiva del sur sur. Pero ahora soy yo el que regreso a casa después de un año, ligeramente más viejo y el cielo, lleno de esas estrellas burlonas, es exactamente el mismo que dejé. Pero todos volvemos y otros lo hacen más tarde. Nada a cambiado. Y todos sufrimos, otros infinitamente más que yo, que me quejo tanto de tan poco. Soy ridículo pensándome ridículo y soy tan mediocre inventando frases para condenar mi mediocridad, mi abandono. Soy esa clase de criaturas que encuentran la paz comparando tormentos, viendo a los otros que no vuelven, a los que sufren. En ello hay montones de alegrías egoístas.
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