domingo, 17 de julio de 2011

Paseando...

Estos son dos hombres que se encuentran por casualidad en el parque, rodeados de niños que juegan y partidos de fútbol en canchas improvisadas. Uno pasea el cariñoso trozo de asfalto que encontró sólo y abandonado en una carretera intermunicipal hacia ya tres meses. El otro, de más caché, llevaba de la correa un voluptuoso pedazo de mármol negro traído de Italia por un vendedor especializado en ese tipo de excentricidades de las cuales gustan los adinerados.
Sin cortarse un pelo, el primer hombre saludó al segundo con orgullo, el hecho de que su mascota no fuese pura no le importó. Sabía bien que en la amalgama que representaba su trozo de asfalto estaban resistencia, maleabilidad y un hermosisimo color azabache.
Sin embargo, pese a los esmerados actos de honra y autoestima del primer hombre, el dueño del mármol sabía bien que su mascota sería por mucho más envidiada. Y era innegable que no era por que fuese pesada, tiesa, de color opaco y de temperatura helada. Es claro que el mármol costaba mucho y que contra ello, nobleza y estima no podrían combatir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario