La cesta se creó para odiarse a si misma. Su función desde un principio a sido el fracaso, el asco y el desperdicio. De ahí su nombre, tal cual su labor. Por eso estamos felices; hemos pasado un mes con un proyecto para nada ambicioso y a surtido exactamente el efecto para el cual se concibió: un frío espacio donde acumular producción de Kalum.
Así que, celebremos un mes más de mediocridad. ¡Arriba las manos que carecen de copa, la cerveza es un lujo que esto no amerita!
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